aumenter disminuir

EL D10S

thumb.php?url=notas/47/nuncalotendras008.jpg&ancho=150&maxalt=150?MarcaAgua=SoyLeproso.comthumb.php?url=notas/47/nuncalotendras005.jpg&ancho=150&maxalt=150?MarcaAgua=SoyLeproso.comthumb.php?url=notas/47/nuncalotendras009.jpg&ancho=150&maxalt=150?MarcaAgua=SoyLeproso.comthumb.php?url=notas/47/nuncalotendras002.jpg&ancho=150&maxalt=150?MarcaAgua=SoyLeproso.com
No saben de qué se trata

Que Dios se calce tu camiseta y que te llenés la boca gritando su nombre, alargando la “o” hasta el infinito.

Que alce los brazos –uno adornado con el brazalete– para saludar adonde estas vos y que le dé la espalda al resto de la cancha.

Que haga ese típico precalentamiento:
salto con las rodillas flexionadas, un pique corto, darse con los talones
en la cola y un par de flexiones de cintura.
“No saben lo que es verlo a la espera de que el referí dé el pitazo inicial y que se persigne.
    
No saben lo que es ver que se tira a los pies con tu camiseta y que se queje porque no le cobraron un foul. No saben.
Y no lo van a saber nunca. Nunca. ¿Me entendés?
Él siempre jugó donde quiso. Y eligió la rojinegra, tal vez uno de sus primeros amores.

Invierno de 1976 . Un pibe de 15 años, del que todos hablan hace tiempo, llega a la práctica de la primera de Argentinos Júnior, con la camiseta rojinegra, número 10, regalo de Marito Zanabria.
Golpe directo al corazón del técnico, Juan Carlos Montes, quien lo hace debutar en primera. Antes, se había puesto en contacto con los dirigentes de Newell's –club que había dirigido hasta hace poco– para ofrecerle al Pibe. “Mire que es un fenómeno”, le dijo a los directivos del club.

Otoño de 1978. Los militares le dicen a su títere Cesar Luis Menotti, devenido en técnico de la selección argentina, que el pibe se tiene que quedar afuera y que el lugar para el mundial de Argentina lo tiene que ocupar el Beto Alonso. El entrenador, que luego ganará la
copa sobornando a los peruanos y se abrazará con los genocidas, acata y consuma la traición.

Ya se sabe, ha Dios lo han traicionado –basta recordar el 90–, pero eso agranda su figura.

Octubre de 1978. Esos ingenuos que disfrutan engañándose a sí mismos– dicen “rc va a comprarlo”. Y, con la obsecuencia de la prensa Sin Aliento, arman una bola, “Que el pase ya es un hecho”, “que el Pibe quiere venir acá, porque tiene una novia”. Como de costumbre, no pasa nada. El jamás se hubiera puesto esa camiseta. Jamás.

Las mejores páginas del fútbol mundial hablan de lo que hizo ese pibe en los diez, doce, quince años siguientes. Cualquier cosa que se diga resulta redundante.

Setiembre, 1993. Que sí, que no. Que vuelve a la Paternal , que los cuervos lo quieren, que amagan los bosteros. Pero, el dice:
“Voy Newell's”. Esas dos palabras le habrán salido más queridas que la pelota misma, más seguras que la redonda en su pie izquierdo, más certeras que un tiro libre.
Fue una noche en que las radios comenzaron a propagar la noticia.
Eran más de las doce y, en la calle, se empezaron a sentir bocinazos.

¿Qué influyó, Diego querido, en esa decisión? ¿Aquella tarde del 76 cuando te le apareciste a Canción Montes con la rojinegra? ¿La posibilidad de recibirla corta y al pie del Tata Martino o de usar la 10 que calzó Marito Zanabria?

O tal vez la generosidad del pueblo rojinegro.

A los pibes de Irreal (el equipo 100 % leproso que jugaba en el interno de Newell's y que todavía da pelea en otros torneos rosarinos) los agarraste un poco desprevenidos. Esa noche cada uno festejó en su casa. Pero, al día siguiente, cruzamos un par de llamados telefónicos.
Fue suficiente para que se juntaran aerosoles, se armaran un par de grupos de fanáticos y saliéramos a la calle a pintar simplemente:
“El Diego es nuestro”. Nadie tenía que explicar quién era el Diego y quiénes éramos nosotros. Como siempre que te largás con los aerosoles, la consigna inicial es “sólo tapiales”. Pero, enseguida, te perdés.
Ale: “¿Te acordás de ese portón de calle Catamarca, donde pintaste el Puma se la come el Diego se la da?” Willy: “¿Te acordás el quilombo con tu vecino, cuando se despertó con la leyenda: “Willy: El Diego es nuestro?”.

Que hoy, que mañana. El Diego llega hoy. El Diego llega hoy se anunciaba en una ciudad encendida, donde la minoría se tapaba los ojos y los oídos, pero la alegría estaba en el aire. Y se le colaba por los poros de gallinas. ¿Se acuerdan de los problemas generacionales:
“Papá, a mí no me importa, llevame a la cancha de Ñuls a verlo? ¿Y del veneno que destilaban algunos que se llenaban la boca insultándolo. Diego, no te olvides, ellos estaban en la vereda de
enfrente. Como siempre, como cuando se hermanaron con la Tatcher, el príncipe Andrés y todos los que usurpan nuestras Malvinas para gritar el gol de Berkhamp.

Y Diego llegó una tarde en la que el sol bañó la pampa húmeda.
Se armó una caravana de autos hasta Fisherton, que luego lo escoltó hasta el Parque de la Independencia. Y en el templo del fútbol se juntaron 35 mil personas para recibirte, Diego. Cuarenta mil tipos sólo para verte levantar los brazos, tomar una pelota y hacer jueguitos.
Llegar al centro de la cancha, Diego, y las lágrimas ya se me caen, Diego, y quedar en el medio de todo el plantel, que te recibía como si hubieses nacido aquí. Como si hubieses jugado en la canchita de baby fútbol que estaba atrás del arco, como si hubieses peleado los campeonatos de la Asociación Rosarina , como si el mismo Griffa te hubiese cuidado en las inferiores.

Bienvenido a casa. Diego, te amó el apasionado sur de Italia, te amaron en la Boca y te ama todo el mundo. Pero, vos lo sabés –y esa sensación seguro te debe va a acompañar toda la vida–, acá, en el Parque, sentiste el amor más grande que puede transmitir una hinchada.
Diego, 35 mil tipos, un día laborable, en pleno horario de trabajo, 35 mil tipos para decirte bienvenido.

Claro, no todos los días se tiene la oportunidad de comprobar que Diego existe, que anda en pantalones cortos y que viste de rojinegro.

¿Cómo olvidar, después, la noche contra el Emelec?
Newell's.
Una vez más, el parque de la Independencia fue el ombligo delmundo.

Entraste con las dos pibas de la mano –rojinegras de pies a cabeza– y con la cinta de capitán.

Después de eso, ¿quedaba algo más para ver? ¿Algo más, Diego? Sí.
    
Al poco tiempo, armamos una caravana infernal para ir hasta la cancha de Independiente. Era tu debut oficial y sí algo nos faltaba para comprender lo que realmente significabas fue ver toda Avellaneda cubierta de pasacalles que te daban la bienvenida y agradecían al cielo por tu vuelta al fútbol.
Y, nosotros, Newell's éramos los responsables de tu retorno. Diego, quien escribe esto, vio cada minuto que jugaste.
En la bombonera, en Córdoba –cuando una tormenta infernal obligó a postergar el partido–, en la cancha de Huracán, en el Parque. Todos los partidos. Todos lo minutos. Todos los segundos.
Diego, hay hinchadas que creyeron tocar el cielo con la mano, porque te vieron jugar un partido de exhibición. Hay hinchadas traidoras – que abandonan, venden trapos y las que queman sedes –
que te insultaron, porque elegiste venir al Parque.
Y hay hinchadas como la de Newell's que te hicieron sentir el amor más grande. Vos lo sabés, Diego.

Y ese amor es eterno, Diego, como vos.
Pasaron los años y siempre hubo un mensaje, un gesto, para que el hilo no se cortara, para que se hiciera lazo de amor.

Pero faltaba más.

2001. Te despediste en la bombonera. Jugaste para tu selección y tu boca, okey. Lo estábamos viendo en el laburo y más de un amargo decía: “Che, y de Newell no se acuerda”. Y lo repetían de puro necios.
Pero, el Diego es magia, es sorpresa, es el as en la manga. Y lo sacó cuando terminó el partido. Te tiraron gorros y camisetas de varios colores. Y vos agarraste la rojinegra, y la empezaste a revolear. Desenfrenado, Diego, como tu hermosa vida loca que tanto te merecés vivir, sin que nadie te rompa las pelotas.

A mi lado, algunos se enmudecieron. Se les cayó la mandíbula y se les aflojaron los brazos.
Como tantas veces, estaban rendidos.
Y en ese momento, volví a pensar lo mismo.
No saben de qué se trata.

Enviar a un Amigo

Notas Relacionadas

Multimedia

Galeria de Fotos

Copyright -2005 -Todos los derechos reservados - www.soyleproso.com -