| |
|
|
|
 |
|
| |
 |
“Hoy nos acompaña Ivar Stafuzza. Él tendrá sus queridos y respetados recuerdos de la Doce , pero debe saber que acá lo sentimos como uno de los nuestros. Como al Mario, al Tata, al Roque o al propio Diego, tan nuestro.
Nos es para menos, Ivar, hace 18 años les diste el tiro del final,
el golpe de horno para cocinar ese pavo que nos comimos para unas fiestas del fin de un año inolvidable. Que difrutamos cada domingo, cuando la red se les hinchaba de goles rivales y el promedio adelgazaba.
Cada vez que pelearon el descenso y se fueron.
En el 41, iban últimos cómodos, y al que les seguían, Banfield,
le descontaron 15 o 16 puntos y quedaron uno debajo de ellos. Definían la última fecha en cancha del Taladro, y te imaginás
cómo salieron. Se fueron al descenso. De paso, ese año, le
hicimos cinco.
Ahora, Stafuzza les dio el tiro del final. Pero, ellos se buscaron
esa condena que los tuvo más de un año lejos de los grandes, recorriendo canchas polvorientas y de tablones rotos.
Penando en Caseros con Estudiantes de Buenos Aires, pariendo con Quilmes, debatiéndose en un clásico con Argentino de
Rosario.
|
|
¿Sabés por qué se la buscaron
Hagamos memoria. 1983. Todavía me parece ver correr a un wing izquierdo intrascendente, que después de empujar la pelota y meternos el
3 a 1 nos vino mostrar los genitales, que jamás tuvo, mientras desde una tribuna insulsa gritaban “Que lindo, que lindo que va a ser la lepra y
Argentino juntando en la b”.
Era 1983, el wing se fue expulsado, apareció un Ciraolo impresionante, metió dos goles, nos pusimos 3-3, y –como tantas veces en la historia,
que uno ya ni puede contarlas– suspendieron el partido. Quedaban unos minutos por jugar, ellos habían bajado los brazos y el remate se veía
venir. Eueno, el tiempo hizo que se comieran eso de “ la Lepra y Argentino jugando en la B ”. Se rieron de papá, papá se enojó y los mandó al
descenso.
Y lo bueno de mandarlos a la B es que no lo disfrutás un día solo, como una final. Si no fecha a fecha. (2- prode viejo - FALTA)
¿Se acuerdan de esa noche contra Unión –rival directo–? Los tatengues no le podían meter un gol ni al arco del triunfo. Pero, apareció
Pautaso –quizás uno de nuestros grandes por todo lo que dejaba adentro de la cancha–, y se la metió a Civarelli en contra.
Jorge Remigio Pautaso, bendita sea tu zurda.
Ese año, le ganamos el clásico de local 2 a 1 –Santillán y el gran galgo Dezotti– y de visitante
la sacaron barata. Fue un cero a cero, porque el palo le dijo no a un tiro libre del Yaya Rossi y porque Delménico les salvó la tarde. De la
jornada previa a ese partido, vale recordar a unos cuantos muchachos que se encargaron de sembrar la zona del estadio que les regaló Videla
con unos volantes que decían algo así como “vení a la despedida, que se van a la B ”. Héroes anónimos, o no tanto.
De ese año bendito, cómo olvidarse de Pablo Zaro cuando después de una derrota casi decisiva –frente a Ferro, sobre la hora, con gol de
Noremberg– dijo que si se salvaban se iba peregrinando de rodillas hasta Luján. Con el Chelo nos meábamos de la risa.
El había vuelto de la cancha, porque se le daba de ir a verlos mezclado con las hinchadas vigilantes, a las que instaba a gritar se van para la B.
Por esos días, Zaro relataba algo así como Wolheim para Palma, Palma para Martellotto, está el gol. Y Martellotto siempre lo erraba.
Siempre lo erraba. Y se seguían hundiendo.
Vino el Argentinos Juniors, luego campeón, del Checho Batista y compañía, y Pasculli los vacunó. Y vino el Ferro de Timoteo, el viejo puto y
feo, y los vacunó Noremberg; y los vacunaron los cuervos con un gol inolvidable de un tal Heber Bueno. Qué, bueno fue tu gol, Heber Bueno.
Y los vacunaban todos los domingos. Todos.
Pero la inyección letal, llegó el 16 de diciembre. El viernes previo Newell's había bailado a River en el Parque. Hubo un gol maravilloso del Yaya
Rossi. La hinchada había entrado con un cajón azul y amarillo y todo el parque cantaba “se van para la B , se van para la B ”. El sábado pasó
volando y se olía en el aire que se iban. Faltaba el tiro de gracia.
Con el viejo nos fuimos a la terraza y pusimos cualquier cosa. Argentinos Juniors y no sé quién. Conectaron con la cancha de Huracán y el
periodista dijo casi de corrido “goldebocakrasouski”. Y más tarde, llegó otra llamada. “central descendió, goldebocastafuzza”, dijo el periodista. |
|
Y uno empezó a acordarse de Ivar Stafuzza, ¿lo habré puteado alguna vez por algún foul algún wing de Newell's?, me preguntaba
y, por las dudas, me respondía, perdoname Ivar, perdoname.
Fue sin querer.
Por la noche se vio el gol por televisión y, te lo juro, me podrás hablar del Diego en el 86 y del gol que quieras. Pero ese, Ivar,
te lo juro, ese gol no se nos borra más de la retina.
Ni a nosotros ni ellos. |
|
|
| |
|
Cuando el referí, creo que fue Espósito, hizo sonar el silbato final.
El wing, que se había agarrado las bolas en el parque –en verdad,
las buscó pero no las encontró– y que no vale la pena nombrarlo,
nos regaló la mejor postal de ese bendito 16 de diciembre de 1984.
Se acercó al referí, se apoyó en su hombro y se largo a llorar, con
la camiseta blanca, pantalón blanco y medias blanca.
Camiseta blanca, escucharon bien, camiseta blanca.
Les dio vergüenza ponerse su camiseta. ¿Alguna vez vieron a Newell's sin sus colores rojo y negro? En las buenas o en las
malas, los tenés que usar, si es que los llevás debajo de la piel.
Pero, ellos se fueron con una camiseta blanca, tal vez para demostrar lo que fueron, son y serán: un club de bochas.
|
|
|
| |
|
|
|