¿Aquel que habla de referís comprados?
A propósito, ¿qué hubiese pasado si Elizondo le hubiese hecho
repetir un tiro libre al Tanito Vella y hubiésemos metido el gol?
¿qué hubiese pasado si un defensor nuestro frenaba con las
manos una pelota en el minuto final?
La minoría de la ciudad –y sus cómplices mediáticos– hubiera
hablado de soborno, de la mano de Grondona, de Blatter
y hasta de Bush.
Yo no lloro, estoy de pie. Yo no me escondo ni me llamo a silencio.
Tengo un millón de razones para estar orgulloso de mi identidad leprosa,
todos los días de mi vida y no sólo un par de horas después de un triunfo.
Soy parte de la hinchada más leal, generosa y apasionada de todo el planeta.
No pongo condiciones para dar todo por vos, Newell's querido. El martes voy
a estar ahí, en el Coloso –donde alguna vez flotarán mis cenizas–,
para dejarte mi voz, mi sangre y corazón.
Un rato antes de las quince, en el Parque sonará: “Rojinegro, la banda
ya llegó...”; y te empujaré hasta la victoria.
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