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“La historia de mi papá, Mario Morosano, y de mi mamá,
Amelia González Palau, es una síntesis de la institución.
Ella era hija de Caraciolo González, y sobrina de Faustino
(autor del gol del primer triunfo en un clásico ante los Sin
Aliento) y de Manuel Lito González, fundadores del club
mas popular.
Mi abuelo materno fue alumno de la escuela de Isaac Newell.
Mi familia es toda lepra”.
Así, se presenta Mario Morosano hijo, doctor como su padre,
el recordado ala izquierda de la gran delantera de los 40.
El volante de pases certeros que, quizás sin proponérselo, estableció el mandato de que la número 10 de Newell`s está reservada para los grandes (el Diego).
Para Mario Morosano, rosarino de 1918, Newell's fue una
elección de vida. “Mi papá vivía en Ayacucho, entre Cerrito y Riobamba, barrio de La Sexta. Él, sus hermanos y otros
muchachos habían fundado el club Temperley, y resulta que
lo vieron jugar y lo quisieron llevar no sé a qué equipo.
Ya lo tenían hablado, pero un tío suyo, Manuel Morosano, que también jugó en Newell's –durante el amateurismo– agarró y lo llevó a Newell`s”.
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Para Mario Morosano, Newell's siguió siendo una elección de vida. Década del 40. “Mi mamá fue a la cancha de chiquita, se ubicaba en la tribuna
de damas. Y se enamoró de papá viéndolo jugar. Después de los partidos se armaban reuniones y bailes. Parece que ahí lo enganchó.
Ella siempre contaba eso”, dice Mario hijo, quien por su edad no gozó del tranco veloz de su padre, ese diez que –según los hinchas de la época–
traía la pelota desde bien abajo y la distribuía con criterio y además tenía gol. Metió 38 en 99 partidos, pero hay tres que no se olvidan.
Fue el 12 de octubre de 1941. Quedaban dos fechas para el final del campeonato. Se jugaba el clásico en el Parque. Ya en el partido de ida
Newell's había ganado 1 a 0 con gol de Pontoni. Pero a los muchachos les pareció poco y se despacharon con un 5 a 0 lapidario, que condenaba
al descenso a su rival. |
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Morosano anotó a los 33 y 38 minutos del primer tiempo y a los 32 del segundo
–los restantes fueron de Pontoni– y uno de los goles lo convirtió con el puño.
Según testigos, fue el precursor de la célebre “mano de Dios” de Maradona en 1986.
“Cuando Mario conquista ese tan famosísimo gol ante los otros, yo miro asombrado
a mi viejo, el Gaita, y le pregunto: «¿Lo hizo con la mano?». Y él me dice: «Cállate,
carajo, a ver si lo anulan»”. De esta manera, lo evoca el entrañable J.R. Moreno,
en su libro Viejos Muchachos de Newell. Los dueños de la ciudad .
No existen registros gráficos de los tres festejos de Morosano esa tarde.
Tres años después Morosano pasó a River. Pero tenía mucho más para darle al
club de sus amores.
“Papá empezó a estudiar Medicina, mientras jugaba al fútbol. Mamá, que ya
era profesora de Lengua, se anotó también en la carrera y, para estimularlo,
comenzó a rendir materias con él. Él terminó sus estudios, cuando ya no jugaba
al fútbol”, apunta Mario hijo.
Tiempo más tarde, el crack del 40 paso a ser fue el respetado médico de los
planteles de fútbol durante muchos años.
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“Ahí va el doctor Morosano”, le decía José a sus hijos, con cierto aire de veneración. Luego, les volvía recitar, como un padrenuestro, aquella delantera, casi sin separar los apellidos. GayolCantelliPontoniMorosanoyFerreyra.
Y se le iluminaban los ojos.
“A mí me ha beneficiado el buen nombre de mi padre. Lo recuerdan como jugador, como médico, como hincha Leproso y por sobre todo, como
verdugo de los Sin Aliento”.
Nos regaló tres goles en un clásico, y que goles.
Fragmento del libro
“De Newell, Historias de Futbol, Pasion y Locura”
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