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Todo empezó con la Diez de Marito"


 

El Diego siempre tuvo la rojinegra pegada a la piel.
Cuéntelo, “Maestro” Juan Carlos Montes . Ya sé, todos los años,
al promediar octubre le piden que cuente la misma historia y a usted
eso lo cansa un poco. Pero, vamos, “Maestro”, hágalo una vez más.

La Paternal. Invierno del 76. Comienza a florecer el Diez.
“Yo había llegado para dirigir la primera de Argentinos Juniors, y había
un delegado de inferiores que quería que un sábado fuera a verlo
(a Diego) jugar a la séptima. En ese equipo estaban él, (Jorge) López
y (Adrián) Domenech. Nos estábamos jugando la permanencia y el tipo
me quería llevar a ver la séptima. Yo le decía: “Tino, déjeme ahora,
tengo que armar el equipo para pelear el descenso”. Al final, zafamos
y un día me dice: “Juan Carlos, vamos a ver la séptima” y yo le respondo:
“No, sabe que hacemos, Tino, tráigamelo el miércoles que voy a hacer
fútbol.

Y me lo trae... ... el tenía puesta la camiseta de Ñubel.
Yo pensé que quería quedar bien conmigo”

-¿Qué hacés con esa camiseta?
-Me la dio Zanabria.

Resulta que él en esa época hacía jueguitos en los entretiempos
de los partidos de fútbol en cancha de Vélez. Y un día que había
ido jugar Ñuls le mandó a pedir la camiseta a Mario por otro pibe
que estaba con él.

 



En esa época vivía en la casa de (Jorge) Cyterszpiller, cerca del club. Él estudiaba en San Martín, en una escuela técnica, y los días
de semana dormía en lo de Cyterszpiller”.
Montes hizo entrenar a Diego con la primera en el receso entre el Campeonato Metropolitano y el Nacional, torneo en el que debutará
el Diez.

20 de octubre de 1976 . “Perdíamos uno a cero con Talleres, que tenía un equipazo. El estaba en el banco, lo llamo y le digo:
“¿Te animás a entrar?” “Sí”, me responde y lo puse. De ahí no paró más. Pero vos te dabas cuenta que era un jugador distinto.
Al otro domingo juega de entrada en Rosario, contra Newell's, que nos ganó 4 a 2.

Luego, Montes cuenta que el último llamado que le hizo Diego fue a las 3 de la mañana. “Me hizo pegar un cagazo bárbaro.
“Me voy para Cuba, Maestro”, me dijo y le respondí: “Dejate de romper las bolas con lo de Maestro”.
Quedamos en juntarnos a comer un asado”. 


   
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