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“Ñubel, carajo, Ñubel, esta es lo que vale” |
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“Ñubel, carajo, Ñubel, esta es lo que vale”,
gritaba Marcelo Bielsa mientras apretaba bien
fuerte la gloriosa camiseta rojinegra que le había
pedido a un hincha. Fue la expresión más grande
de amor que se recuerde entre un equipo,
formidable; una hinchada, gloriosa y un entrenador,
único. Las tres patas, aquella tarde del 22 de diciembre
de 1990, tuvieron su premio máximo. Juntos llegaron a
l éxtasis superior de sentir esa sensación única que te
da salir campeón. Pero claro, nada fue fácil, nada
resultó sencillo, tanto para los jugadores como para
nosotros que explotamos aquella popular de la cancha
de Ferro para ser locales ante San Lorenzo.
La fiesta comenzó temprano y Buenos Aires se vio
invadida por el carnaval rojinegro. Carnaval que
tuvo su punto más alto cuando Ruffini clavó un
perfecto tiro libre y a los 18 minutos ya ganábamos
uno a cero. Con el triunfo había campeonato,
pero Zandoná nos empató y entonces comenzamos
a depender del resultado en el Monumental. Ahí,
si River le ganaba a Vélez, nos quedábamos sin nada.
El segundo tiempo en Caballito se vivió con un oído
en Nuñez. El equipo de Marcelo buscó por todos
lados pero no pudo quebrar a San Lorenzo hasta
que el árbitro marcó el final. El empate estaba cerrado
y lo único que nos importaba era River que se le venía
al humo a Vélez sabiendo que necesitaba ganar.
Fiesta en las tribunas de Ferro, los nervios nos hacían
cantar cada vez más fuerte mientras que adentro
de la cancha Gamboa, Berizzo, Martino y compañía
buscaban una radio para escuchar los últimos minutos
en Núñez. “Marcelo comenzó a caminar nervioso,
sin rumbo. La tensión iba en aumento y River estaba
cerca del gol, sin embrago una contra letal del Gallego
González puso el 2 a 1 para Vélez y la gloria estaba
más cerca que nunca.
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“Finaaaaalllllll, terminó en River”, gritó un Leproso pegado
a la radio y ahí sí, explosión en Caballito.
El plantel completo corrió para abrazarse con cada uno
de los Leproso que estabamos en esa popular.
Fue mágico, inolvidable, inigualable. Martino se aferró
al alambrado y lo trepó hasta lo más alto.
Con el alma gritaba “Dale campeón”, mientras los pibitos
como Gamboa, Pochettino y Franco iluminaban
sus ojos con unas lágrimas propias de quien ama,
de quien siente y vive la pasión rojinegra.
Bielsa corría como loco, sí, como el Loco.
A grito pelado encaró la platea y le decía: “Esta es la
que vale, Ñubel carajo, Ñubel” y yo lo tomé como
un mandato. Fueron las palabras que más nos
marcaron a todos los Leprosos. El sentimiento se
resumió en esa expresión entrecortada por su llanto
feliz. Y así volvimos, locos de contento celebrando el
comienzo de una década que nos marcó para siempre.
Fue una de las más gloriosas de nuestra historia y arrancó
aquella tarde en Caballito. Hoy, 15 años después,
estamos de pie y más Leprosos que nunca.
La Libertadores 2006 nos espera y el sueño de ser
campeones vuelve a crecer.
Y ojo, nosotros ya lo sabemos, fue lo que nos enseño
Marcelo y sus muchachos “Nada es imposible”.
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